Afónia

Si desvelase cuánto duelo, cuando a la sombra de tus pestañas tus soles de esmeralda la noche paso admirando,

aun con la poesía de mi lado, me deshojaría antes de intentar si quiera articular tan solo una de mis palabras.

Y es que solo soy un sueño a los ojos de tu insomnio.

Y tu no quieres cerrar los ojos por miedo a que la noche te abandone para siempre.

Distrayéndome

No he dejado que la locura me abrace completamente por temor a desaprovecharla, a no saber quererla, a no saber odiarla, por miedo a volverme aquello que más amo por el costo del odio más destructivo.

Me hallo tan endeble que mi alma desoye la inspiración si no es por alegría que ella me llama, pues si arrastra pena solo me mata.

¿Acaso me hiere la poesía?

Ando sin vida hospedándome tras de mi sombra, alejando a los que amo por pensar que no valen una migaja de mi tiempo, por querer hacerme sonreírle a la vida cuando en verdad es ella quien debería hacerlo, al menos por una maldita vez.

Soy la compañía que aveces busco en otros y que me niego a creer ser, por ningún motivo más que la estupidez.

Paso mis horas odiándome, violentándome y culpándome, cuando en realidad solo yo estoy conmigo cuando preciso de un regazo en donde sucumbir, cuando el mundo se deja la vida durmiendo, y todo transcurre ajeno a mi tormento.

¿Acaso me hiere la poesía?

Me envenena de muerte el alma escribir de mis alaridos, tener que pedirle a mi corazón que vuelva aquello que nos hiere arte, al costo de todo, de absolutamente todo lo que soy.

Parezco vivir cuando sonrío, pero solo estoy jugando a las escondidas…

En realidad soy solo un niño…

Y he aprendido a jugar solo, sin nadie a mi vera, a mentirme para alcanzar aquello que la gente llama felicidad, y aun así, aunque huya y corra lo más rápido que mi fuerzas me permitan en busca de mi propia voz, nunca lograré oírme.

lógico, con tanta oscuridad se acaban apagando mis latidos.

(…)

Bebo ilusiones para olvidar miserias…

Lloro acordes que parecen sueños…

Mato odios para reírme una vez más…

Quienes me aman saben muy bien que solo estoy distrayéndome…

Luna

Querida luna…

Baña mis ojos con tu pálido fulgor en esta infausta noche.

Querida luna…

Cállame si las lágrimas a cántaros deciden lloverme, si muero por intentar hallarme sin perder de vista las pisadas que mis sombras dejaron.

Querida luna…

Líbrame del temblor agrietado que derramo en cada graznido, de la locura que mis alas van tallando en el aire en cada aleteo.

Querida luna…

Cuando cae la noche y el mundo se deja la vida roncando, vuelvo a tu luz desde las migajas de mis tinieblas.

Y admiro con la sencillez de un niño tu regreso, alborozado y dichoso por nuestro reencuentro, y más tarde por nuestra partida.

Querida luna…

Mucho antes de que despunte la aurora, me volveré nuevamente solo un sueño, y me iré como todo en esta vida.

Y tú te irás al igual que yo,

aunque más hermosamente,

pues lo harás solo para mí.

Mi vida

Gardenias sonrosadas,

gráciles y ligeras,

ondulan mis besos

en tu inmaculada

piel canela.

Son mis suspiros,

bocanadas de olas

que tus cabellos rizaron,

y que en tu primavera,

de la eternidad bebieron.

Eres la espesura en que tus lanceolados ojos anhelaron florecer.

Y el trino del alba, cuando en una sonrisa te dejas la vida.

Y aunque, sin mi arrullo,

pueda tu alma soñarse igualmente

con solo sus alas desplegar,

quisiera ser aquella migaja

que tu boca alguna vez mendigue.

O tan solo una instante de aquello

que tus labios me esconden,

que mi cordura azotan,

inmisericordes.

Una brizna de tu mar bastaría,

para rebozar los silencios

que inspiran tu ausencia,

mi vida, en aquellas noches

de desvelo en que hasta el insomnio

me prefiere antes despierto

que alejado de ti.

Oda a mi hermana

Hablar de ti es hablar de mí, es unir y completar dichoso el más hermoso rompecabezas en una sola historia.

Hablar de ti es batallar contra mis ojos, reprimir la felicidad para no semejarme a un niño que lloriquea mientras te escribe.

En tus ojos puedo ver los míos, por ello sé cuando me mientes. Si cierro los ojos por un momento te puedo ver en cuerpo de niña, caminando lento, muy lento hacia mí, escondiendo una frágil mentira para deslumbrarme. Te puedo ver luchando en defensa mía con el ímpetu de mil caballos en contra de unas manos miserables y gélidas que buscaban de mi rostro la inocencia pudrir. Te veo a mi vera, recogiendo vidas olvidadas en las calles, sonriéndome con ternura y puerilidad. Me veo a tu lado, formulando maldades, conspirando cimarras, ajenos a todo, hechos a prueba de cualquier correa.

Dos torpes almas vagando por ningún lugar éramos…

Somos… si mis ojos cierro.

Cómo darte las gracias…

Cómo hubiera sido mi historia si no me hubieses acompañado.

Todos mis recuerdos viven por ti…

Todas mis fuerzas respiran por ti…

Mi niñez tú la inhalas cuando me ves, y yo tu niñez cuando te veo, flota en el aire cuando estamos juntos.

Yo puedo sentir ese amor hoy…

Y estoy tan lejos…

Dime algo, hermana mía,

¿Lo sientes?

¿Quién duele más?

“El dolor más sincero se vive a solas”

El laberinto de los espíritus, Isaac Monfort

(…)

Estoy cansado de oír aquel chirrido quejumbroso de las bocas de los abyectos que sin comprender el dolor juran sentir el peso del mundo en sus espaldas.

Vociferando crujidos y derramando lágrimas que juran por su vida provenir a causa de su insondable mala fortuna.

Cómo me gustaría convidarles algunas migajas de lo que me atormenta, de lo que padezco y soporto, casi imperturbable, con la fuerza de mil almas en cada despertar que decido enfrentar.

Invitarles a una trago de mis desdichas, para que así disciernan finalmente el infinito corredor que hay entre sus lamentos y mis oscuridades.

Que sientan cómo el aire quema si respiran la azufrada bruma que me rodea, cómo el corazón de tanta rabia se transfigura y se vuelve de acero irrompible sin importar lo que asome tras el porvenir, cuando el vacío se toma las pupilas.

Que ya no se llora cuando los ojos dos desiertos se han tornado a causa del hastío y el abandono, y que la voz la perdemos de tanto cohibir el llanto, sin permitirle si quiera una revancha al fuego que en la garganta como un volcán extinto vibra.

Yo les miro de soslayo, impertérrito e inquebrantable, asqueado aveces cuando a la cara me escupen sus fantasmas, vendiéndomelos como si fueran un millar de huestes y potestades queriendo caerles en encima con la densidad del universo.

Algún día, pienso, menospreciarán mis duelos, me mirarán con desdén y sentirán que no les entiendo, que su temblor no lo comprendo, cuando en verdad la muerte no solo les golpea a ellos, los más débiles, si no también a los que más aman la vida, a los que aprovechan hasta la última calada del día, el último segundo, el eclipse de un día menos.

De aquellos formo parte…

Somos los que más duelen…

Vacío

No seré la hoja más callada entre la arboleda, ni el soplo más ínfimo que en el desierto vibre.

Pero… conozco el abandono.

Y he enloquecido oyendo sus agravios, acometido por el silencio.

Noches crepitantes aquellas, de lágrimas y fiebre, de soledades y vértigos perpetuos…

Noches de vacío y abismo, en las que solo atiné a respirar, a penas, casi inerte, aún sosteniendo el dolor en la boca.

Esta madrugada he acariciado mi rostro anhelando querer amarme, he murmurado mi nombre en voz queda esperando mi propio auxilio, pues, aunque sea imposible cavilarlo, hay veces en que hasta yo mismo me abandono.